PORFIRIO Y LA SILLA
Hace mucho tiempo en un pequeño pueblo del estado de Oaxaca vivía un niño muy alegre, este niño se llamaba Porfirio. Porfirio era un niño listo, con muchas aspiraciones en la vida, y como todo niño, tenía sueños. Le gustaba jugar con sus amigos, ayudar a su mamá en la casa, recorrer el campo y platicar con los mayores, ya que le contaban historias muy interesantes.
Pero tuvo que dejar su hogar para salir en busca de nuevas oportunidades, estaba muy triste, pues el era feliz con su mamá pero tenía que irse ya que ahí no había escuelas y el quería estudiar.
Salió de su casa y se puso en marcha. En el camino, Porfirio pensaba y pensaba; él quería ser algo grande, muy grande, pues quería ayudar a todo mundo, pero en especial a su madre.
Cuando Porfirio llegó a la ciudad, se quedó maravillado de lo bonita que era ésta. Anduvo buscando un lugar donde quedarse, hasta que encontró a un maestro, el que sin pensarlo sería el suyo, el Profr. Marco Pérez.
El profesor se sorprendió al ver al pequeño solo y le dijo –Hola niño, ¿qué haces tan solito en este enorme lugar?-
Desconcertado, le contestó – Estoy en busca de una escuela y un lugar donde vivir.
-Te ofrezco mi casa, yo soy maestro. Podría brindarte un lugar en mi salón de clases-
-¡Magnífico!- dijo Porfirio.
Así Porfirio siguió al Profr. Marco hasta su casa y se instaló ahí. Le primer día de clases fue fenomenal. Ahí conoció a sus compañeritos de clase. Al pasar de los días observaba que uno de ellos, Benito, no cambiaba de lugar: Siempre en la misma silla frente al maestro. A él le parecía injusto pues los demás niños también querían sentarse en ese lugar. Un día llegó decidido a hablar con él para que le cediera el lugar, cosa que no resultó y se dio una discusión:
-Oye Benito, no estoy de acuerdo en que tú diariamente te sientes en este lugar-
-A nadie le interesa, todos están a gusto siendo yo el que me siente aquí- le contestó malhumorado.
No llegaron a anda y continuó la discusión hasta que Benito cedió el lugar. Otro niño, Sebastián, tomó la silla, y más adelante tocó el turno de Porfirio. Cosa curiosa, Porfirio, después de haberla peleado para todos se apropió de ella y día tras día se sentaba ahí.
Conforme pasaba el tiempo Porfirio lograba su cometido, pues en cada evaluación el recibía 10 de calificación, por lo que luchaba todos los días. Pero de igual forma sus compañeros empezaban a molestarle con su comportamiento y le ponían apodos como el llorón de Icamole, pues un día le preguntaron algo sobre ese pueblo y al no saber la respuesta soltó el llanto. Además de que pasaban los meses y los niños deseaban la silla frente al maestro, pero nunca la dejaba. Porfirio se había adueñado de ella. Cierto día le pidió a su mejor amigo que se sentara en la silla solo por un día para que el resto del grupo no siguiera molestando, pero al día siguiente volvió a la silla Porfirio.
Así pues pasó el tiempo y los niños ya estaban muy inconformes con Porfirio, decidieron unirse y de esta manera realizaron un plan para ganarle la silla. Un lunes llegaron y tomaron la silla de Porfirio, la escondieron de tal forma de que Porfirio no tenía donde sentarse. Cuando éste llegó se sorprendió al no encontrar su silla y soltó el llanto. Sus compañero se lecantaron y le dijeron –Porfirio, cumplirás con lo que dijiste al entrar- Porfirio sorprendido contestó -¿Qué tengo que cumplir?-
Sus compañeros molestos le dijeron –Tú peleaste la silla para todos y por eso te apoyamos y se la quitamos a Benito, y después a Sebastián, pero tú no cumpliste, solo te adueñaste de ella-
Porfirio, apenado, contestó –Está bien, solo denme un lugar donde sentarme el resto de la clase-. Así quedaron de acuerdo y Porfirio no tomó más ese lugar. Más adelante se cambió a un colegio francés.
Desde ese día cada día un niño diferente tomaba ese lugar y todos convivieron felices dentro del salón.
Esta muy interesante esta narracion y refleja en cierta manera la situacion historica. felicidades
ResponderEliminarMuy padre su narracion.
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